Ecologista en el colapso

La contracción y colapso del capitalismo que hemos conocido, el cambio climático, la transición energética, las guerras, la crisis ecosocial… son las condiciones en las que vivimos.

Decidimos nuestro lugar en estas condiciones con el conocimiento racional de la naturaleza, ya sea ciencia o experiencia, pero las decisiones concretas son más subjetivas que objetivas. Nuestras emociones ponen en primer lugar salvar un paraje de un macroproyecto, salir con urgencia a recoger pellets de plastico en la costa gallega, oponernos a la ampliación de un aeropuerto… porque ponen a prueba los valores que motivan el compromiso con la defensa del medio ambiente y de la vida en el planeta, aquellos valores que nos definen como ecologistas.

Como las prioridades y la percepción subjetiva no son las mismás para todas, hemos sido ecologistas de muchos tipos introduciendo el ecologismo en todas las facetas de nuestra vida: Agroecología, cuidados del aire y el agua, animales, antiglobalización, cambio climático, consumismo, contaminación, minería, transporte, energía, residuos…

Movidos por estas motivaciones nos fuimos a Riaño a parar el embalse en julio de 1987 y gracias a estos encuentros de lucha ecologista constituimos la primera gran organización ecologista del pais Ecologistas en Acción.

Hicimos cundir el ejemplo y multiplicamos la influencia del movimiento ecologista de forma que también hemos conocido el odio, ‘ya están los ecologistas’ , y han caido asesinadas compañeras que eran un ejemplo para las demás.

Aunque actuemos individualmente cada cual nos arrimamos a lo que percibimos es nuestro colectivo de valores compartidos porque no nos satisface la cultura general que tolera o fomenta la destrucción medioambiental. Sin perder la individualidad hemos actuado colectivamente como movimiento social.

El lento trabajo de miles de activistas a lo largo de más de 50 años ha germinado cuando los desastres que anunciábamos como el cambio climático se han confirmado para desgracia de toda la humanidad. Con el desastre anunciado ha llegado el reconocimiento en un momento en el que deberíamos poder jugar un papel más importante que la clásica oposición.

Política suicida

El capitalismo sin embargo parece sordo, ciego y suicida. Para evitar un cambio de paradigma y seguir con su vorágine debe manipular a la sociedad adueñándose de nuestros conceptos para deconstruirlos y vaciarlos de contenido:

  • La sostenibilidad se usa para todo sin que hayan cambiado las prácticas que esta rechazaba.
  • Se define como transición energética a un cambio de tecnología extractiva.
  • Se califica de ‘verde’ al gas y la energía nuclear

El lavado de cara permite al capitalismo seguir con la minería, el agotamiento de los acuíferos, los pesticidas, y como no con las guerras, ya sean por metales raros o gas, como antes fué por petroleo.

El productivismo nos lleva inevitablemente al cambio climático, la escasez y el colapso. El capitalismo verde no contiene sino que exacerba la explotación y el beneficio privado, esquilma tanto al planeta como a la sociedad.

Desgraciadamente, igual que sucede en la política, siempre hay compañeras ecologistas que han visto su ventana personal de oportunidad y aceptan actuar como asesores, portavoces, o corrompiendo nuestras organizaciones.

Decrecentistas

El decrecentismo tiene buena fama entre nosotras, aunque sean pocas quienes se aventuran a conciliarse con la naturaleza. Son muchos los sacrificios, las incomprensiones del entorno social, es grande el esfuerzo y duro el aprendizaje para el que no estamos preparadas.

Al sistema no le importa que nos ‘salgamos de la foto’, mientras le dejemos que siga con sus planes. Tampoco le importa la protesta radical que por su naturaleza hará sólo una minoría convencida.

En el medio rural, que abandonamos hace tanto tiempo, no hay un paraiso idílico. Conviven los bienes comunales con el caciquismo, con la contaminación de la agricultura industrial, con la caza, la sobreexplotación forestal de los montes, o los macroproyectos.

El bagaje ideológico es muy útil como escudo intelectual, pero por su peso mayoritariamente urbano es insuficiente para un viaje, consciente y lleno de cambios, cuya meta es convivir en armonía con la naturaleza. Es muy necesario estar abiertas a la evolución tanto personal como social.

¿Como apoyar este proceso para que sea más facil?

No ayudará el Estado que participa del engaño subvencionando malas prácticas, ni las organizaciones políticas, deseosas de estar ‘donde se reparte’ lo que aportamos como sociedad, ni las organizaciones sociales que se han adaptado al capitalismo verde o burocratizadas.

La solución debe ser social, salir de nosotras mismas, quienes estamos convencidas, haciendo lo que decimos se debe hacer:

  • Buscar la colaboración de las pequeñas plataformás que surgen expontáneamente para defender de la destrucción el medio, los paisajes, el entorno natural.
  • No preocuparnos del tamaño de las organizaciones sino de su eficiencia, del ahorro de recursos, de la solidaridad con quienes estén peor, ayudando en el aprendizaje.
  • Crear organizaciones de productores agroecológicos que distribuyan directamente en cercanía.
  • Crear comunidades energéticas que obtengan su energía en el territorio, donde viven, rechazando el colonialismo energético, los grandes tendidos y macroplantas.
  • Crear colaborativamente medios sociales para el apoyo compartiendo experiencias y conocimiento.
  • Hacer de la lucha ecologista un ejemplo y una escuela para cuantas más personas sea posible de forma que se produzca un cambio cultural, ético y moral, en la sociedad.
  • Educar nuestras habilidades sociales para combatir la manipulación, la deconstrucción postmodernista de nuestros valores, la competencia, la irresponsabilidad y la falta de democracia.

Nuevo Paradigma

Llevamos destruyendo el planeta desde que existimos como especie, en ese largo tiempo todo lo bueno que hemos sabido hacer ha terminado destruido por nosotros. Quien obtiene una posición de poder, por la confianza que se ha ganado, la asegura para su exclusivo beneficio. Sin darnos cuenta, donde había una persona ejemplar, ha nacido un enemigo dispuesto a lo que sea, como si fuera un depredador más. Queremos una relación de beneficio mutuo con el resto del planeta, que nuestra actividad no cause más destrucción. Para ello construiremos nuevas organizaciones y probablemente cambiaremos las instituciones de la sociedad.

Si no queremos volver a nuestro propio caos deberemos evolucionar personalmente y socialmente. Nadie tiene la clave, no es posible tener los detalles. Por ello demos actuar con el método de ensayo/error, probar, evaluar, difundir los resultados, corregir lo que haga falta y crear las garantías necesarias para que nadie se sienta excluida ni dominada. Compañeras de viaje Son todas las personas que emprendan este camino, cada cual desde donde está, con su bagaje que cambiará o evolucionará según su necesidad y lo que le podamos aportar como sociedad.

Tenemos que conocernos, descubrir la riqueza que lleva cada persona, sentir en esta evolución que no estamos solas, defendernos y ser solidarias entre nosotras siempre que sea necesario, hacer equipo. Escuchar, preguntar, aprender…

Os dejo con cuatro compañeras con quienes sé que ya estamos en este camino. Les hice estas preguntas:

  • ¿Que significa para ti ser ecologista?
  • ¿Cuales son los valores estratégicos del ecologismo en esta época?.

Elisa García Leal

Ser ecologista, para mí, es sinónimo de lucha. Lucha mantenida en el tiempo para defender los derechos de los sin voz, ya sea de la naturaleza, ya sea de las personas oprimidas y tratadas injustamente.

Ser ecologista exige esfuerzo, trabajo, formación. Supone compartir conocimientos y experiencias con compañeros y compañeras que persigan los mismos fines, hacer frente a un sistema socioeconómico perverso. Vivimos tiempos difíciles, donde el capitalismo neoliberal lo impregna todo. No se limita a devorar recursos naturales y a promover el retroceso de derechos sociales conquistados, también es capaz de mimetizarse como corriente de transformación, apoderándose de discursos y actitudes de cambio. Ser ecologista es, también, desenmáscarar estas dinámica perversas, a las que no son ajenas las grandes organizaciones ecologistas.

Manuel Pérez Izquierdo

Ser ecologista para mí significa tener como móvil el cuidado del planeta y de las condiciones para  el mantenimiento de la vida humana junto al resto de las especies. Ninguno de los problemás a los que se enfrenta hoy la humanidad pueden resolverse en el marco capitalista ya que el móvil de maximizar beneficios implica una lógica de búsqueda continua del crecimiento, cuando determinados recursos imprescindibles para esta sociedad están demostrando sus límites. Esto potencia el aumento de explotación,  competencia, desigualdad, nacionalismo, y xenofobia que terminan  en el estallido de guerras, marginalidad, y regímenes autoritarios.

Marian R Gómez

Pienso, como Lola Sánchez Caldentey, que el ecologismo y el feminismo, cuyas agendas pasan respectivamente por el Decrecimiento y la abolición de la explotación sexual de la mujer, configuran el futuro a la izquierda del PSOE. La ecología, por otra parte, es un concepto que las personas asocian con alimentos de calidad, paisajes vivos, tranquilidad; esto convierte a la salud en el valor estratégico del ecologismo, un valor que la gente puede abrazar a medida que abandona el mito del desarrollo occidental y se incorpora a la construcción comunitaria de las civilizaciones adultas.

Ángel Encinas Carazo

Existen unos cuantos ecologismos. El ecologismo que defiendo es un ecologismo anticapitalista, social y feminista. El momento actual solo admite ya tirar de la alarma y el freno de emergencia.
Frente al ecologismo dominante, acomodado al posibilismo y a las subvenciones del Estado y determinadas fundaciones, el mío es un ecologismo extramuros del sistema, con prurito de independencia económica y política, y pegado sobre el terreno a los movimientos sociales que cuestionan las graves contradicciones del sistema.
Soy consciente que este es un ecologismo minoritario, pero tiene una tarea tan necesaria como urgente: cuestionar los callejones sin salida, y mostrar caminos extramuros. Ejemplos: la oposición a las macrorrenovables, el apoyo a las comunidades energéticas, a los comunes y comunales, la recuperación de la sociabilidad popular, etc.

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