La política y yo

Solemos hablar de nuestras relaciones, la relación con los hijos, con la pareja, con los padres, los amigos, los compañeros de trabajo… pero rara vez hablamos de nuestra relación con la política.

Nos suena extraño hablar de ello, tememos perjudicarnos, ser señalados, como si fuera una relación impropia, cuando en el día a día estamos afectados por ella.

En todas nuestras relaciones actuamos como lo que somos, seres humanos y por tanto inteligentes desde nuestra llegada al mundo, por naturaleza.

Con la política es muy extraño todo lo que sucede, cómo se ha generado esa relación de amor y odio que en ocasiones nos indigna, en otras nos emociona.

La política nos escribe con intensidad cada cuatro año. Llega e inunda nuestros buzones. Sus cartas son perfectas, sus fotos y declaraciones desconocen el fallo.
Sus programas son como el Ave Fenix, aparece en campaña y mueren con el voto. Nunca mas los volvemos a ver como si les hubiéramos hecho algo.

¿Y qué decimos de los regalos?. En las otras relaciones una promesa va a misa. Nos sentimos obligados por ellas, se cumplen o se pagan muy caro, algunas son para toda la vida… Pero en la relación con la política los regalos nunca llegan. Para los que estamos de este lado es el motivo de que nos preguntamos regularmente a quien voto porqué le voy a votar y para qué… Esas preguntas existenciales que nos machacan periódicamente. Los regalos no llegan nunca tras el voto, que es cuando se les espera. No fallan los reyes magos, pero anda que los políticos….

Y si, hay que hablar de ellos, porque según pasan los años los políticos aprenden a sonreír, a esquivar a la prensa, a hablar perfectamente sin comprometerse en nada, a ocultar su patrimonio o prepararse esas puertas maravillosas, las giratorias, que aparecen siempre como el Ada Madrina, cuando todo se ha acabado.

Ellos si tienen regalos, muchos mas que los periódicos. Tienen regalos extra, mas allá de las pensiones vitalicias, los sueldos que no caducan, y esos amigos tan influyentes que cuentan su currículum rodeados de millones. Los niños quieren ser políticos, ya no les atraen los superhéroes o solo les atraen las princesas que cobran y cobran y rejuvenecen según el don de la corona que portan.

Muchas veces cuando nos llaman a votar no podemos ocultar nuestra depresión… Nos han traicionado tantas veces que decidimos mentirles en las encuestas. Sabemos que está mal, eso no se hace en una relación, pero son tantos años de infidelidad

La última vez nos insistieron, nos persiguieron, preguntaron por los móviles… hasta se saltaron la Ley De Protección de Datos para saber de nuestros perfiles e intenciones, y de paso nos insultaron tanto para que fuéramos a votar… Dejaron en nuestra maltrecha confianza una responsabilidad tan grande que finalmente echamos el voto, hasta con pinzas, porque ya les tenemos muy vistos. ¡¡Es tan descarado que harán lo mismo!!.

Me quejaba en el cole de mi mala memoria, qué nervios en un examen… pero los políticos no son así, y no es para bien, llevan su desmemoria con una alegría que les permite decir cada día cualquier cosa incoherente con lo dicho el día anterior. Recuerdo uno que en su debacle decía ‘con ERC y Ciudadanos no’… ambas coletillas de etiqueta obligadas en la alta sociedad, esa que de alta no nos enteramos nunca que traman.

Y.. días después se hizo la magia… ¡Qué envidia tendrán los magos!  Ciudadanos apareció rodeado de toda clase de lisonjas…

Es tan complicado esto de la política que en estos requiebros nos perdemos y, la verdad les tenemos miedo, es como si nos perdiéramos en una de esas calles oscuras en las que amenazan los carteristas asesinos o violadores, porque en esas curvas siempre nos roban algo. La verdad es que da mucha inseguridad la relación con la política.

Ahora vivimos uno de esos momentos en los que la hemeroteca cuenta siempre lo que conviene, o silencia lo que molesta, para que la maniobra en curso salga bien. Es el poder, esa pasión maldita que pierde a los políticos. No sabemos el sabor que puede tener porque el poder nunca lo hemos disfrutado sino padecido.

Ahora se lo están repartiendo, con potentes soflamas que incluyen ¡¡hasta la convocatoria de nuevas elecciones!!. ¡Hay mis bolsillos! ¡en qué mala hora cedí a sus presiones emocionales!, ¡¡para qué les di el voto!!.

Lo que se da no se quita, Santa Rita Rita (no la Maestre) es peor que el anillo de compromiso, que ciertas buenas almas devuelven cuando el amor se fue quien sabe donde. No les puedo quitar el voto, y eso que lo están usando como cromos: ‘tu me das Sabadell yo te cedo Barcelona, pero vale y ¿Castilla y León?… ¡A no! ¿y para que te apoyé en la moción de censura? ¡dame mi ministerio!’.

Si… ¿te acuerdas del programa?. Suelen estar bien hechos, los hace gente que trabaja y no son como ellos que, en general, están ahí para no trabajar y sangrarnos porque saben que somos buenos cumplidores de nuestras obligaciones, pagaremos sus sueldos tanto como los impuestos. Podríamos agarranos a ellos, recordárselo ‘Que te votamos por esto’… pero a saber donde fue a parar… es el bien mas preciado y el mas perjudicado, si el de los regalos que nunca llegan….

Me llamaron cuando les convenía ‘Votame‘ hoy para el trapicheo del poder no les hago ninguna falta, aunque sea yo quien pagaré a buen seguro los platos rotos.

Miren…. en mis relaciones con otros se supone que actúo como persona inteligente, pero en la política me tratan como si fuera un lerdo. Yo entiendo que me manipulan… hasta Internet está infectado de falsedades por si me escapo de sus medios de desinformación. Vale, estaré manipulado, pero Yo no soy Tonto, aunque lo diga esa marca no es suyo…

Sabéis voté útil y ellos esperan que sea cordero, pero en adelante seré siempre lobo, votaré lo que me convenga para que les despiste en lo que voy a hacer al día siguiente.

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