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Colaboración política

Once días de guerra de EE. UU. e Israel contra Irán confirman la muerte del orden mundial nacido en la postguerra de la IIª Guerra Mundial y se suman a la secuencia de muertes que con el cambio climático, tras la pandemia, y con el fomento del fascismo en el mundo. La respuesta social se sucede en todas partes, como vemos en la resistencia a las patrullas del ICE en EE.UU. Una resistencia espontánea, sin cara política, por mucho que haya políticos que ahora ondean el No a la Guerra tras varias legislaturas modificando sus presupuestos para contribuir a ella.

La sensación de que ‘hay que hacer algo‘ recorre el mundo, sin que madure un fruto que nos permita confirmar que viene un cambio político. Esa sensación ha tenido una fugaz representación en el debate de las izquierdas del reino español que parece haber terminado en agua de borrajas.

La propuesta de Gabriel Rufián no ha conseguido cuajar. Sumar, IU, Más País, Compromís… han cerrado un acuerdo para las siguientes convocatorias electorales, un acuerdo que, como la propuesta de Rufián, no va más allá del ámbito electoral. Un acuerdo que no cuenta con las personas más que para la emisión del voto.

No somos raros, sucede en todo el mundo. Tod@s l@s polític@s activ@s consideran la política su territorio, igual que las instituciones. Aunque la democracia sienta sus bases troncales en la ciudadanía, hace mucho tiempo que se ha vuelto estratosférica, inalcanzable y blindada, además de corrupta.

Salvo el episodio del 15M, en el que tod@s hicimos política, no es posible encontrar experiencias parecidas y ninguna elegida conscientemente de forma que siempre vamos arrastras a donde nos llevan las emociones, o donde nos quieren llevar, que es mucho peor.

En el pasado remoto, el de los ejemplos, siempre se rememora la experiencia griega, a pesar de que sabemos cuáles eran las limitaciones que la convertían en la democracia de los aristócratas, algo que también sucedió en Roma hasta la llegada del Imperio.

No solo hay que hacer algo, intuimos que debe ser algo distinto, mejor y nos preguntamos ¿Quién se encarga?, como si la pregunta tuviera la magia de materializarlo. No sucederá ¡Dejemos la pregunta aparcada!, nadie nos puede sustituir, nos corresponde a cada persona asumir nuestra responsabilidad en este tránsito, que amenaza con las grandes catástrofes que ya están sucediendo y otras tan peores como posibles.

Quienes fueron a la Costa da Morte a retirar el chapapote no se perdieron en la retórica, fueron a los hechos, igual que quienes se pusieron a hacer mascarillas y respiradores durante la pandemia, o en el caso de las patrullas del ICE, o como seguro está sucediendo entre la población iraní que sufre los bombardeos, o en Gaza donde la vida depende de la comunidad y la ayuda que internacionalmente prestamos.

¿Sientes miedo?… Ya sabes que es paralizante, esperarás de nuevo al príncipe o princesa que lo solucione cuando tienes, pies, manos, cabeza y conoces el mundo que compartimos. Un mundo que podemos compartir conscientemente, apoyad@s un@s en otr@s, en movimiento, colaborando como hemos hecho siempre, aunque hasta ahora haya sido sin proponérnoslo.

Colaborar

Significa trabajar junt@s. ¿Es posible hacerlo en este terreno tan escurridizo?

Es muy probable que sí, si se eligen los medios apropiados, si se establecen unas condiciones válidas para que cualquier persona pueda intervenir, realizar un bien común y concretar su propia parte en él.

Es posible si se establecen unas claras condiciones democráticas para la participación. Si se eliminan las exclusiones que tradicionalmente nos enfrentan; si se definen claramente aquellos campos de intervención que contienen emergencias.

Quien quiera abreviar es mejor que deje tranquilos a los partidos políticos, hechos para el enfrentamiento, el odio, la competencia y la exclusión.

No hay una solución mágica, hay que crear un vehículo comunitario nuevo para una nueva democracia. Aunque no hay precedentes es muy probable que podamos obtener pistas en el mundo cooperativo. Una cooperativa se entiende muchas veces como empresa, pero sus condiciones habituales, bien adaptadas, servirían para la política.

Si colaboramos recuperaremos la política para la ciudadanía.

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