Es sabido que el ecologismo organizado se opone frontalmente porque fomenta las macrogranjas con la concentración de residuos orgánicos.
El modelo industrial aporta una solución, aparentemente sostenible, para mantener el consumo de las aglomeraciones urbanas cuyos hogares lo recibirían por tubería, inicialmente mezclado con gas natural.
No se puede negar que supone una reducción de emisiones, pero es también una condena para el mundo rural con una filosofía similar a las macroplantas eólicas y fotovoltaicas.
Pero ¿Cuál es la solución sostenible, rural y descentralizada?
Aunque los biodigestores existen hace tiempo, cumplen estas condiciones, no se ve difusión alguna en los medios de estas organizaciones. Nadie hace campaña de información, no hay talleres rurales donde aprender a usarlos, no se fomenta el autoconsumo ni el uso o generación compartidos.
Cuando se idearon las comunidades energéticas todo se volcó a la electricidad y nos olvidamos del BIOGAS que es más fácil y barato tanto en producción como distribución.
Cualquier bombona de gas butano o propano sirve para almacenar y distribuir BIOGAS doméstico.
Para desarrollar la economía social, de cercanía, sostenible, sin emisiones hay una solución disponible en formato de BIOGAS si estamos dispuestos a aportar soluciones y no quedarnos solo en la crítica, que es fácil, pero no cambia nada si no hay alternativas viables.



