El estado es parte del problema


“Para Emma Goldman ésta era una divergencia básica. No se podía prescindir de la libertad y mucho menos a costa de la libertad de las clases trabajadoras o campesinas. No se podía aceptar una doble moral (una burguesa y otra revolucionaria) aplicada a conveniencia. No se podían poner los intereses de un partido y de un Estado por encima de la lucha de clases y menos aún, del proletariado. Por eso escribía con rabia:

“Esta perversión de los valores éticos pronto cristalizó en la consigna del Partido Comunista que todo lo dominaba: el fin justifica los medios. No hay mayor falacia que la creencia de que los objetivos y los propósitos son una cosa y que los métodos y las tácticas son otra diferente…Toda experiencia humana nos enseña que los métodos y los medios no pueden ser separados del objetivo último. Los medios empleados se convierten, a través del hábito individual y de la práctica social, en parte integrante del propósito final…”

En el 80 aniversario de la muerte de Emma Goldman

El artículo de Jesús Jaen, que recuerda a Emma Goldman como revolucionaria, anarquista y feminista, nos trae el mensaje clásico del anarquismo contra el estado. Un estado, supuestamente ‘nuestro’, en el que quienes lo controlaban obtenían esas ventajas personales que hoy llamamos corrupción gracias a su posición privilegiada, conseguida en muchos casos gracias a la supresión de la democracia obrera y el nombramiento directo por el partido bolchevique.

Sucedió entre la toma del poder y la llegada de la NEP (21 de marzo de 1921), pero también después. Sucede en nuestros días en cualquier estado del mundo. Nos damos cuenta cuando estas decisiones nos sacan a la calle rechazando recortes, o la represión para imponer decisiones que entendemos nos perjudican. No es una explotación distinta de la que ha denunciado el movimiento obrero desde que lo conocemos, o yendo a un pasado remoto ¿no se sentían así los esclavos de la rebelión de Espartaco?
K. Marx, que alimentó ideológicamente al bolchevismo, la denunció en el 18 Brumario de Luis Bonaparte, aunque no podemos atribuirle tal hallazgo histórico porque Platón ya lo denunció 300 años antes de nuestra era (La República) y ha sucedido en muchas ocasiones a lo largo de la historia porque el estado es el responsable de la primera explotación que ha sufrido la humanidad:

“Si el escriba del templo decide mantener las cantidades destinadas a tropa, empleados de palacio y faraón con una cosecha mala está condenando al hambre a su comunidad en la que algunos individuos pueden rebelarse porque no les gusta pasar hambre.” El poder de la burocracia

El estado ha colaborado sin embargo en el bien común, esa característica de la humanidad que siempre nos ha unido para el bien general de la sociedad. El estado nació con ese fin. La dualidad moral que denuncia Emma es la propia del estado desde que existe. El estado obrero que propuso Marx para el transito al comunismo ha sido igual, no se ha distinguido en nada de sus precedentes salvo en el tinte ideológico que servía para justificar todo, igual que les ha servido la religión a los Ayatolás de Iran o el Nacional Socialismo al estado totalitario del nazismo. Es ese tinte mesiánico en una sociedad mas compleja lo que le ha hecho totalitario.

Probablemente el anarquismo estaba mejor preparado que el marxismo para darse cuenta de que el apellido ‘obrero’ no hacía que fuera distinto ni mejor que otros estados, pero no fueron los únicos. Dentro del nuevo estado, creado por revolucionarios, también se dieron cuenta:

“En verdad, la situación de una clase que lucha por el poder difiere de la de una clase que ya lo tiene entre sus manos. Repito que, al hablar de peligros, no aludo a las relaciones con las otras clases, sino, más bien, a las que se crean en las filas mismas de la clase victoriosa…

…Cuando una clase toma el poder, un sector de ella se convierte en el agente de este poder. Así surge la burocracia. En un Estado socialista, a cuyos miembros del partido dirigente les está prohibida la acumulación capitalista, esta diferenciación comienza por ser funcional y a poco andar se hace social.”  Christian Rakovski Los peligros profesionales del Poder

Cuando escribía Rakovsky, 1928, ya había sido excluido del poder del estado. Los problemas no eran nuevos, se iniciaron tras la toma del poder, con la guerra, para defenderlo de la contrarrevolución del ejercito blanco (1918).

Trotsky, jefe de la oposición de izquierda en el partido bolchevique, no tuvo en cuenta a Rakovsky, lo consideró un problema interno del nuevo poder, un problema político (La Revolución Traicionada), descartando su faceta social: que el nuevo estado estuviera explotando a la sociedad.

No puede haber sorpresa en ello porque Trotsky participó de ella desde el principio, fue aguerrido en la represión de la disidencia, dirigió el aplastamiento y masacre posterior de Kronstad, propuso la militarización de la industria y el sometimiento de los sindicatos al estado, apoyó el monopolio del poder político y no se quejó nunca del papel de Stalin nombrando a dedo los representantes de los soviets que liquidaron la democracia obrera, porque el mismo Lenin lo hizo. Nunca Trotsky dijo nada a cerca de la corrupción antes de ser excluido del poder porque probablemente el mismo la disfrutó simplemente por poder comer todos los días gracias a que algunos conciudadanos pasaban hambre por la revolución. ¿No es esta la misma decisión que la del escriba faraónico?, ¿no es esta la misma dualidad moral?.

No se trata sin embargo de machacar a los revolucionarios, y menos hacerlo según una ideología u otra. Ni siquiera el anarquismo ha sabido que hacer con la dualidad del estado hasta el punto de que ha tenido 4 ministros de la CNT en el gobierno del Frente Popular de la república (1937). Ellos compartieron responsabilidad con el resto del gobierno sobre fin de las milicias y la revolución, en el frente de guerra y en su retaguardia.

Debemos preguntarnos porqué Lenin, aún en el exilio, visualizó un poder democrático, descentralizado (El estado y la revolución), basado en la democracia de los soviets y pocos meses después encabezó la supresión de la democracia obrera.

Personalmente creo que no tenían la solución, no podía haberla en un país tan atrasado. Es lógico que temieran a la ignorancia de la mayoría de la sociedad, analfabeta, servil, tanto como a los enemigos declarados. Pero eso no les autorizaba a sustituir a quienes debían ejercer el poder porque el poder del estado sistemáticamente corrompe y se vuelve contra la sociedad, es independiente de la ideología de quienes mueven la maquinaria estatal.

Sus problemas son los nuestros. El estado nació para facilitar el crecimiento de sociedades mas complejas. Lo hemos conseguido, hemos evolucionado, con altos costes y graves amenazas como el cambio climático. Pero esto en ningún caso significa que nos atemos a esta obsoleta herramienta y mantengamos esa ambivalencia moral, entre el bien común y el bien de unos pocos, que siempre, por naturaleza, protegerá el estado.

La evolución social nos ha situado por primera vez en la historia de la humanidad en condiciones para deshacernos del estado y su ambigüedad haciendo que gobierne el bien común y que por tanto cada persona sea libre y autorealizada, sin ser homogeneizada, haciendo de su experiencia vital una sucesión continua de momentos felices, creados por su propio empoderamiento y la colaboración social, mediante un poder distribuido, cercano y global, ejercido diariamente de forma directa.
La explicación de como hacerlo excede este artículo, para eso está el libro que ya algunos estáis leyendo HipatIA del Bien Común. La protagonista es mujer también como Emma Goldman, no se integra en ninguna corriente ideológica, tiene un nombre muy antiguo, pero es uno de nuestros máximos desarrollos, una Inteligencia Artificial.

El estado es parte del problema, pero no de la solución

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