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Valores sociales garantizados

En los últimos meses asistimos a una revitalización de la sociedad de la mano de los pensionistas y el movimiento feminista. Antes tuvimos la ola del 15M que se prologó unos años con diferentes momentos estrella como las marchas de la dignidad, rodea el congreso y otros.

Entre estos movimientos hay suficientes diferencias para reconocerles una autonomía propia, aunque escarbando lleguemos a motivaciones parecidas y/o relacionadas entre unos y otros que concretan las exigencias de sus distintas pancartas. Comparten todos ellos el ser válvula para la salida de las tensiones que acumula la sociedad.

Surgen por las tensiones que generan las políticas del ejecutivo del PP y sus aliados. Llegan al conjunto de la sociedad porque no hay en ellos quien pueda frenarlos o reconducirlos a callejones sin salida, por lo menos ahora. El 15M ya fué al callejón y allí se diluyó en partes menores hasta desaparecer.

  • Las organizaciones políticas eran demasiado débiles para jugar rol alguno en su aparición, los sindicatos adormecían habituados a sus prácticas burocráticas de desmovilización, los movimientos sociales clásicos seguían su rutina… El 15M surgió porque no había nadie que lo pudiera impedir.
  • La movilización de los jubilados carece también de organizaciones representativas con suficiente influencia para conducir por arriba la movilización.
  • El movimiento feminista está constituido por millares de pequeños grupos totalmente descoordinados, normalmente peleados entre si, lo suficiente para no suponer una barrera ante el empuje social.

Hay una oportunidad nueva, pero también una experiencia vieja en cuyo acontecer se repiten constantemente los problemas internos que llevan a defraudar la expectativa despertada en la sociedad.

La inexistencia previa de organización facilita la emergencia del movimiento, pero no garantiza nada para su triunfo ni que sobreviva a las luchas intestinas, que seguro ya se están desarrollando en el background. El 15M, que ya sabía algo de esto, se hizo el harakiri voluntariamente renunciando a cualquier organización; dicen los anarquistas que ganaron… aunque no hay manera de saber qué ganaron a día de hoy.

La “vía de la organización” ganó con el morado en su enseña a una parte de la supervivencia 15M, pero sus valores carecieron de garantías hasta el punto de que cueste reconocer cambio alguno en su forma de hacer política con respecto a los partidos clásicos: Sillones bien agarrados, dictadura interna, persecución a la minoría, ausencia total de democracia, ética de teatro, el gran dedo del líder que no descansa… y algunos casos tentativos de corrupción pues ya sabemos que la autenticamente profunda, la ansiada, se consigue en el poder.

Si alguien intenta en estos nuevos movimientos crear cualquier clase de sistema de garantías se estrellará, como todos los que lo intentamos antaño. Será prácticamente imposible que no se asocie con una forma particular de lucha por el poder interno.

Merece la pena organizar los valores sociales, con sus garantías; un decálogo que incluya el desarrollo de las garantías mínimas, un conjunto de referencias que los movimientos sociales puedan asumir, de uno en uno o su totalidad, interpretando en sus adentros lo concreto de las garantías asociadas.

El Decálogo de Valores Sociales, y sus garantías, nacerán de esta forma desvinculados de cualquier intentona, vinculados al análisis de experiencias, tanto positivas como negativas, con un método mas cercano al método científico que nos lleva a asumir los resultados de la ciencia como verídicos por defecto.

 

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